Su conciencia es porosa y hasta sus
sombras son sucias. Este ente pretencioso respira fuego y exhala litio. Se mantiene
de pie por inercia, solo va en reversa, se tropieza con sus propios acantilados
y ama lo indebido. Su traje de humo pesa como el plomo, da un paso en mil años,
llega tarde a todo. Este ser es lastimoso, baila con la esperanza de los
cercanos. Le gusta jugar chueco, dejar la boca abierta, aparecer en sueños y
comerte la inteligencia. Esta cosa poco confiable que en realidad no existe
pero lo inventan para tenerte atado. ¿Cómo es que le llaman los dogmáticos? Ah
sí… Pecado.
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