Me enamoré de un hombre que bailaba, que decía puras tonterías. De un erostratista dionisiaco que inventaba melodias. Que sabía mucho de historia. Que tenía conversación. Que hacia música en privado, de esas que se tocan a 8 extremidades y se les pide un ancour. Un contestatario que cuestionaba mis ideas. Un subversivo que anhelaba un mundo nuevo, que peleaba por lo que creía que sabia que no estaba cuerdo. Era un hombre loco, loco, loco de este que me enamoré. Un activista que navegaba contra corriente. Este hombre era actor, jugaba a vivir vidas, estaba siempre sonriente. ¡Me enamoré de un músico! De un hombre que no podía estarse quieto. De esos que suelen beber la noche entera mientras escuchan canciones viejas. Me enamoré de un catador de amanecer. De un coleccionista de miradas. De alguien que jamás sería de nadie. De un periodista que luchaba. De un hombre con tantos demonios que si los ponia juntos en una jaula se mataban. De un ser vicioso, de un rey de la noche, de un somelier de lunas que no dormía nada y un dia se nos durmió todo. Me enamoré de un anarquista, indómito, insurrecto que así se describía, que hacia lo que quería y que nos dejó por supuesto. Me enamoré de un hombre que se alejaba de mi y volvía. Nunca lo entendí mucho pero siempre lo sentía. Él invadía los escenarios y era grande, grande, grande… Yo le fallé a este hombre y ahora me arrepiento tanto. Él no le pedía nada a nadie y a mi solo me pidió algo: “No te enamores de mi”
(1984-2015 Ken Lüders)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario