El tornado sale de mi… y toda esa
revoltura provoca que escupa tu amor como un gato que escupe una bola de pelos.
Soy volcán y tú hielo.
Soy ternura en un arcoíris para ocultar
que no tengo sueño.
Lentamente se me duerme el viento, se me
alegra la luna, se me enchina el recuerdo. Lentamente camino a cualquier lado
que sea opuesto al que caminas tú, dejo que el tornado salga de mis entrañas y que toda
mi revoltura se pierda en el mar para no mojarme mas por ti. Para no probar tu
sudor salado que me cae cuando me muerdes el cuello y estas arriba de mi…
adentro de mi… y yo anhelando que no salgas jamás… y tu anhelando estar con
alguien mas.
El tornado mata pero yo no mato ni mi
propia idea de dejarte… solo muerdo… la puntita... ¡de la almohada!...y muero como cuando el huracán deja de ser huracán y se
vuelve tormenta mediocre y luego lluvia y luego cielo sin nubes si quiera…
muero de celos de tus pendientes que no son verme y tus compromisos que no
están en un anillo en mi mano izquierda, esa mano que a veces intentaba
jalártela pero no lo hacia tan bien como la derecha pero lo intentaba.
Pierdo mi fuerza al dejarte. Pero pierdo
más al quedarme y sentir que me domas cuando juré ser indomable.
Y me pierdo en mi cama de espinas y me entierro unas cuantas
en el corazón y en los pezones rosas para dejarlos rojos, y en las ilusiones, y en las viejas heridas que había olvidado que las provocaste también. Me entierro los dedos en la cueva de entre mis piernas para que sepa
que ya no tiene dueño… que es huérfana de taladro… viuda de martillo…
divorciada de enfado y que ahora deberá deambular sola y seca… o mojada …
buscando ponértela erecta aunque sea para que me dediques puñetas y volverme
tornado y revolverme absurdamente en tus ideas y dejar todo tu aroma en el pasado.
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