No me lastima la ausencia, me lastima lo
caudalosa que transita la sangre de tus venas. No me entristece el no verte, me
entristece la parcimonia con que tu voz no ha resonado en el auricular. No me duele tu
lejanía, me duelen las manos… de frotarme los senos y la vagina sabiendo que tú
lo podrías hacer. NO me llenas de ansias ni de frustración, no me salvas la
lengua, ni las letras ni la mera ocasión de verte. Simplemente tú eres un gran
y terrorífico NO.
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