¡Cordura, cordura, buscadores del amor!
Les imploro que antes de pedir lo impedible se claven una espina en cada mejilla y
entonces se ofrezcan a su amada como rosa viva, muerta al ser cortada, bella al
ser recibida y llena de espinas que no se rompen, (me parece que les llaman
defectos) y de pétalos que como
capas de cebolla arrojan una a una
verdades venenosas que secan los corazones como el más arido desierto. ¡Cordura, cordura, buscadores del amor!
Pedirle cordura a la locura es inútil...
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