Es una lucha sin lucha, cuando estas
cansado de pelear y discutir la misma escena, concepto, idea y argumento con la
misma persona en el mismo espacio y
tiempo.
Te has rendido sin tregua y aunque el argumento sigue siendo
el mismo la voz carece de pasión,
la pelea carece de ira, la intensidad es menos fuerte que una tenue brisa y eso
da tanta hueva que prefieres ya no hablar.
Te cuajas en sus defectos y permites que te unte su voluntad,
así, llegando a pensar que
resbalaras más fácilmente entre los muertos con esa capa de cochinada sobre ti,
te sientes raro pero no escupes pues tienes miedo de escupir sangre, te sientes
raro pero tampoco te bañas, pues tienes miedo de que el agua desprenda tu piel
junto con la cochinada y te quedes en huesos sin carne.
Nunca rendirse es mi credo… pero no hay lucha ,ni espada, ni
escudo… y las heridas se acomodan sobre las heridas y los cadáveres se apilan
sobre los cadáveres… y tú… te confundes con el enemigo que se ha vuelto amigo y
ahora es un aliado con uniforme ajeno. ¿Quién eres entonces y en quién me has
convertido? Si no hay una guerra y no hubo victoria, ¿acaso somos 2 pueblos
sometidos? ¿conquistados? ¡¿arrebatados?!
Mmm…otorgo Harakiri para los valientes,
morfina para los mundanos, prozac para los pacientes y una vida sin lucha para
los desesperados esa es la condena por ser un guerrero domesticado. Saca la
bandera blanca y sin duda serás condenado.
No soy crítico literario ni pretendo serlo.... pero el final me recuerda a Sabines, pero con tu personal toque...
ResponderBorrarLiteralmente escupes honestidad en tus letras. Más allá de la forma veo la sustancia... y lo honesto, siempre es bienvenido...